jueves, 20 de abril de 2017

Actividad: El Fuego de la memoria

Mi abuelo tenía una pequeña panadería en la cual preparaba todo tipo de bollos sabrosos. Los panes que el hacía con sus manos podían hacer el día perfecto para cualquier persona con sentido del gusto, eran crujientes, tenían una forma perfecta y tenían un regusto que los diferenciaban de las demás panaderías del pueblo.

Cada fin de semana me dejaba ir a su panadería para probar sus últimas creaciones, una de ellas fue el intento de crear un cisne hecho de pan. Al final le fue imposible crear esa forma pero después de comerlo no me importaba en absoluto. Allí fue donde pasé los mejores momentos de mi vida, y mira que no estaba interesado en la bollería, pero creo que eso se debía a que pasaba el rato con mi abuelo. Al final del día siempre me regalaba montones de panes para comérmelos en mi casa.

Iba sin falta todos los domingos, y creo que por esa razón aprendí a como elaborar pan de manera indirecta. Era todo perfecto, hasta que de repente mi abuelo dejó de aparecer en la panadería. Para finalmente enterarme de algo que sabía que pasaría pero que nunca esperaría. En ese momento entendí que el pan de mi abuelo podía alegrarte la vida pero no evitar perderla.

Ese mismo día, un año después, decidí visitar la panadería, la cual iba a ser propiedad de otra empresa, para hornear el último pan. Lo hice casi tan bien como lo hacía mi abuelo, pero al momento de comerlo noté que ese bollo era especial, fue el primer pan que me hacía llorar mientras recordaba los buenos momentos con mi abuelo.

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